
Ya hemos visto como todo, o casi todo, en este mundo es digno de ser pasado por la criba de la risa. Tratar de quitarle dramatismo y oscuridad a ciertas cosas, nos va a ayudar a enfrentarnos a la vida con mejor humor, haciendo que nuestra predisposición hacia el día a día sea mucho más optimista, de este modo conseguiremos tener una vida más completa y feliz.
La risa de los niños es mágica, capaz de curarte cualquier disgusto, cambiarte la manera gris de ver el mundo o convertir en luz lo que parecía que estaba rayando la oscuridad. Así que nuestra misión va a ser hacerles reír, procurarles motivos y alegría suficiente para que esa hermosa chispa no acabe apagándose. Ya cuando sean adultos, y tengan que enfrentarse a los problemas y situaciones límite que nos pone la vida en el camino, tendrán que aprender, como todos, a sacar lo positivo de cada experiencia.
No hay nada más hermoso que ver a un niño reír, saber que ese impulso de alegría incontenible les está alimentando parte de su vida y su alma, es algo a lo que los padres no nos podemos resistir. Encima si lo hacen a través de esa espontaneidad que les caracteriza, ya resultan irresistibles. Así que vamos a animarles a reír, a que vean la vida desde otro prisma, a través de otra mirada, relativizando aquello que no merece la pena y enseñándoles a que, como diría el poeta, "la risa nos hace libres".
Ya hemos visto como una de las aficiones que más les gusta a los niños es la de contar chistes. Aunque en muchos casos se los inventan o trastocan los términos, con lo cual la gracia puede acabar desapareciendo, lo cierto es que les gusta crear sorpresa, sobre todo cuando el que escucha suelta una de esas carcajadas rotundas y animosas que hacen que se convierta en toda una alegría de lo más contagiosa.
No hay nada más sano y que nos cure de cualquier mal que la risa. Reír a carcajadas, sonreír con timidez o dejarse embargar por todo un vendaval de alegría interior, es uno de los analgésicos más eficaces que podemos encontrar en la naturaleza. Por eso es importante que ante los acontecimientos tristes, o los problemas que nos va presentando la vida, intentemos encontrar motivos con los que afrontarlos a base de buen humor.
Una de las cosas más hermosas que podemos regalar a nuestra madre es la felicidad. Claro que la felicidad no se puede envolver en papel de regalo, ni comprar en unos grandes almacenes, ni siquiera cocinar con chocolate y fresas. La felicidad es un estado emocional al que todavía nadie ha encontrado explicación y que aparece cuando menos te lo esperas. Eso sí, mantener una actitud positiva en la vida es algo que siempre nos va a ayudar para acercarnos hasta ella.
No hay nada más sano que la risa. A través de ella soltamos todas nuestras energías negativas, los músculos se relajan y nos sentimos mucho más preparados para enfrentarnos a todo lo que la vida quiera ofrecernos. Pero si además la compartimos estamos estableciendo una relación que va más allá de las palabras, donde los sentimientos encuentran un punto de unión con el único fin de la diversión.
No hay nada más gratificante que ver a los niños reír. Esbozar una de esas sonrisas amplias, profundas, para que acaben en una carcajada sonora y contudente que nos hacen temblar de pura alegría. Así sabemos que, en cada gesto, va implícita una parte de felicidad que, como gotas fértiles, le ayudaran a llevar una vida más ligera y creativa. Una vida donde el sentido del humor sea ingrediente principal de su día a día.